Luna lo miró con sus saltones ojos y le sonrió.
—Tú debes ser Albus Severus, ¿no? —después dirigió su mirada a Hagrid— Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Hagrid asintió a Luna y pasó junto a Albus («Te espero el viernes. Trae a tu hermano y a tus primos») le susurró y se alejó de allí.
Luna les indicó con la mano el camino y los de primero la siguieron. El vestíbulo era tan grande que bien la casa de los Potter podría ser metida allí. Las paredes eran de piedra y estaban iluminadas con resplandecientes antorchas, el techo era tan alto que no se veía y una escalera de mármol conducía a los pisos superiores.
Siguieron a Luna a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Se podía oír el ruido de las voces de los demás alumnos ya en el Gran Comedor. Luna se detuvo frente a la gran puerta que conducía al salón y se volvió hacia ellos, mirándolos soñadoramente.
—Bienvenidos a Hogwarts —dijo Luna—. El banquete de comienzo de año comenzara dentro de poco, pero antes de que ocupen su lugar en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La selección, como me imagino que saben, es una ceremonia importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia. Ya saben que habrá ocasiones en las compartan clases con las demás casas, así que esperamos se comporten dignamente.
»Las cuatro casas son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y…Slytherin —dijo el nombre de la última con mucho menos entusiasmo que las demás—. Cada casa tiene su propia noble historia, como ya lo saben. Mientras estén aquí, sus triunfos les otorgarán puntos a sus casas, mientras que cualquier infracción a las reglas les restará puntos. Comos saben, al finalizar el año la casa que tenga más puntos se lleva el premio de la Copa de la Casa.
»La Ceremonia de Selección comenzará dentro de poco, frente al resto del colegio. Les sugiero que se arreglen lo más que puedan. Buena suerte.
Dirigió a Albus una soñadora mirada, giró sobre sus talones y se metió al Gran Comedor.
Entonces una voz que arrastraba las palabras sonó detrás de Albus. Hablaba con un grupo de petulantes alumnos de aspecto mediocre.
—Parece que es cierto —dijo con tono socarrón Scorpius Malfoy— lo que decían por allí. Un nuevo Potter ha venido a Hogwarts.
Albus se volvió con mucho enfado y se topó con la puntiaguda cara de Scorpius.
—Mejor cállate —le espetó Albus. Recordó entonces las historias sobre el abuelo de Scorpius, Lucius Malfoy, un criminal de poca monta, que su padre le contó durante las vacaciones—. Sé cosas de tu padre y de tu abuelo que tu ignoras, muchacho.
Scorpius parpadeó y sus grises ojos miraron con odio a Albus.
—Sí —dijo con sarcasmo—. Pues yo también sé cosas de tus abuelos que te erizarían la piel. ¿Sabías que murieron asesinados? ¿Sabías que eran unos mediocres? Tu abuela, por ejemplo, era una sangre sucia inmunda…
—Ya déjalo en paz —le ordenó una voz diferente, una voz femenina y dulce.
Albus y Scorpius se volvieron y una muchacha de piel blanca y suave salió de entre las personas. Era delgada y pasaba por algunos centímetros a Scorpius; tenía los ojos grandes y de color verde seco, su cabello era rizado y algo quebradizo y de color rojo muy intenso. Albus pudo notar que las puntas de sus orejas eran puntiagudas. O una elfa o un hada, no había duda.
—Déjalo en paz —le volvió a replicar a Malfoy—. Sus abuelos y sus padres hicieron muchas más cosas que tu familia sucia, Malfoy.
Malfoy se quedó boquiabierto y parpadeó una vez más. Se volvió con odio a Albus y luego a la muchacha y se fue a reunir de nuevo con sus amigos. En cuanto llegó cuchichearon en voz baja.
La chica miró a Albus fijamente y le dirigió una hermosa sonrisa.
—Soy Daria Wylliard —le dijo y le extendió una mano.
Albus estrechó la suave y delgada mano de Daria y le devolvió la sonrisa.
—Albus Severus Potter —se presentó e inclinó la cabeza.
Daria amplió su sonrisa. Albus nunca antes había visto tanta belleza. Porque Daria era muy bonita y muy hermosa. Entonces una voz distinta: soñadora y suave, sonó detrás de Albus. Luna había llegado y miraba como lo había hecho antes a los de primer año.
—La Ceremonia de Selección ya va a empezar —dijo—. Formen una hilera y síganme.
Para su sorpresa, Daria se mantuvo junto a Albus durante todo el recorrido al Gran Comedor. Los de primer año entraron en fila o en parejas al Gran Comedor. Era tal y como se lo habían descrito tanto James como su padre.
Estaba iluminado por miles de velas que flotaban en el aire sobre cuatro largas mesas, donde el resto del colegio ya estaba sentado. En las mesas había platos, copas y cubiertos de oro. En una tarima de dos pisos, al frente del comedor, había otras dos grandes mesas, donde se hallaban sentados los profesores. Por los nervios y la emoción, Albus ni siquiera vio el par de ojos verdes que le miraban desde esa mesa, detrás de unas gafas negras y redondas.
Pasaron entre las mesas y entonces oyó que alguien gritaba su nombre. Giró la cabeza a la mesa que tenía a la izquierda. Sobre ella había un gran estandarte rojo con un león amarillo impreso en él y allí, sentados juntos, James y Rose lo miraban y lo saludaban con la mano, sonrientes.
Luna condujo a los alumnos de primero frente la mesa de los profesores, los hizo detenerse y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. La curiosidad venció a Albus y levantó la vista. Sobre ellos había un techo de terciopelo negro moteado de estrellas y con una que otra nube gris. «Es sólo un hechizo», se dijo. Por el rabillo del ojo vio que Daria también miraba boquiabierta el techo hechizado del Gran Comedor.
Bajaron la vista rápidamente, mientras Luna colocaba frente a ellos un taburete de cuatro patas. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. Estaba raídos, remendado y sucio: el Sombrero Seleccionador.
—Cuando yo los llame —anunció Luna— se acercarán, les pondré el Sombrero Seleccionador y sabrán entonces a qué casa van a pertenecer.
Luna desenrolló el rollo de pergamino que llevaba en las manos y gritó el primer nombre, pero Albus no prestaba atención. Sintió que detrás de él alguien lo miraba fijamente. Temeroso por lo que pudiera haber detrás de él, Albus se aventuró y se volvió hacia atrás.
En la mesa de los profesores estaba sentada, en el centro de ésta, la profesora McGonagall, la directora de Hogwarts. Era una mujer que ya había superado la edad mediana, tenía el pelo negro aunque muchas canas ya se dejaban ver en él. Estaba tocada con un sombrero puntiagudo negro con una delgada y larga pluma. Su rostro estaba sonriente y surcado de arrugas. Lucía mucho más anciana y cansada de lo normal.
En seguida de ella estaba una mujer delgada de pelo rojo. Sus ojos marrones miraban con orgullo a Albus. Cuando miró durante un buen rato al chico, susurró algo a la persona que tenía al lado. Era un hombre de pelo negro azabache y tenía gafas redondas. Entonces Albus reconoció en seguida a la mujer y al hombre: eran sus padres. Harry le sonrió y le enseñó el pulgar mientras que Ginny lo seguía mirando con orgullo. Pero, más allá de la emoción, había duda: ¿qué estaban haciendo allí sus padres?
Entonces, la voz de Luna lo sacó de pronto del trance en el que estaba:
—¡Potter Weasley Albus Severus!
Daria le dio un codazo en las costillas y le señaló el taburete con la cabeza. Nervioso y con la duda en la cabeza, Albus se acercó al taburete y Luna le puso solemnemente el sombrero.
—Mm —dijo la vocecilla del sombrero en su oreja—. ¿Potter, verdad? Sí. Lo veo en tu cabeza. Es difícil, sí. Muy difícil. Igual que tu padre, ¿cierto? Tu mente está llena de valor, mi amigo Potter —le susurró—. Pero veo también ambición y algo de rencor. Digno de un Slytherin, sí. Harías cualquier cosa por tener lo que quieres. Pero tus principios no te lo permiten. Ni tu caballerosidad.
Era torturante. Albus estaba seguro de que todo el Comedor estaba oyendo lo que le decía el Sombrero. Sintió que sus mejillas estaban calientes y también sus orejas.
—Sabes mucho y te gusta trabajar. ¡Vaya, mi amigo! Si de mi fuera te podría en las cuatro casas, pero no. Sólo una.
Albus se aferró al taburete y pensó: «No en Slytherin. Por favor. En Slytherin, no».
—No en Slytherin, me dices, ¿eh? —Dijo el sombrero—. ¿Estás seguro? Todo está aquí, amiguito. En tu cabeza. No hay i una duda, verdad. Todos tus antepasados pertenecieron a una casa diferente y quieres pertenecer a ella, ¿verdad? Bueno si es lo que quieres mejor que seas un… ¡GRYFFINDOR!
Una oleada de alivio le recorrió todo el cuerpo. Sintió que Luna le quitaba el sombrero y le indicaba que fuera a la mesa de Gryffindor. Albus, mareado, se dirigió a la mesa donde estaba su hermano y su prima y estos lo saludaron, lo felicitaron y le hicieron un lugar entre ellos. Algunos alumnos se acercaron para darle palmadas en la espalda, otros le sonreían y otros más estrechaban su mano. El nerviosismo, la emoción y el alivio de no ser seleccionado para Slytherin lo inundaron y no se dio cuenta de los saludos que recibía.
Desvió su mirada a la Mesa de los profesores. McGonagall levantaba discretamente una copa y brindaba por él y su selección y le sonreía ampliamente. Junto a ella su madre (Ginny) se limpiaba los ojos llenos de lágrimas y aferraba una mano de su esposo, que le sonreía y le asentía con la cabeza. Su mirada le decía «Te lo dije…»
Ya solo quedaban tres alumnos. A uno de ellos le tocó Slytherin, al otro Hufflepuff y la última era Daria. El sombrero tardó un poco en decidirse, pero al fin seleccionó a Daria para Ravenclaw. En su camino a la mesa de su casa, le dirigió a Albus una furtiva mirada y le saludó con la mano.
—Parece que le gustaste —le susurró socarronamente su hermano.
Entonces Luna tomó el taburete y pasó de nuevo entre la mesas, llevándoselo. McGonagall se había puesto de pie y, con las manos abiertas, saludó a los alumnos.
—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! Tengo unos importantes avisos que decirles a ustedes antes de que el excelente banquete que nos han preparado los cocineros nos aturda por completo. —McGonagall se ajustó el sombrero, carraspeó y continuó—: A los de primer año les informo que el Bosque Prohibido está, en efecto, prohibido. Bajo ninguna circunstancia los alumnos entrarán en el bosque salvo, tal vez, por las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas. No vendría nada malo en que nuestros antiguos alumnos lo recuerden —se levantó las gafas—. Por otra parte, la Orden del Fénix —señaló con un amplio movimiento de las manos a las personas que tenía debajo de ella, en el segundo piso de la tarima— estará apostada en varias partes del colegio vigilándolos. No quiero que ninguno de ustedes trate de pasarse de listo con estos magos y brujas. Están aquí por su seguridad y por seguridad de la escuela.
»Para dar paso a algo que los legrará mucho, las próximas semanas llega aquí el conde Vladius Black, dueño de la tienda de artículos de broma nueva que se abrió en las pasadas vacaciones en el callejón Diagon: “Bromas Black”, espero que les diviertan sus artículos. También me complace informar que el señor George Weasley y su camarada, el señor Lee-Jordan han aceptado venir aquí y promocionar su nueva línea de sortilegios de la tienda “Sortilegios Weasley”.
McGonagall se detuvo un rato y tragó saliva. Cuando hubo recuperado el aliento, continuó:
—Por el lado escolar, este año estoy encantada de dar la bienvenida a nuestros nuevos profesores. En primer lugar, estoy orgullosa de decir que todos fueron una vez excelentes alumnos de Hogwarts y que tuve el honor de darles clases. Para la materia de Defensa Contra las Artes Oscuras, dado que el profesor Fluggeim se ha ido a Transilvania de emergencia por asuntos meramente profesionales —James susurró a Rose y a Albus: «Lo ven, se los dije»—, estoy encantada de anunciar que su lugar lo ocupará nada menos que el señor Harry Potter, un profesor de defensa por excelencia.
James y Albus abrieron los ojos como platos y miraron a su padre. James apenas se había dado cuenta de que su padre estaba allí, Albus no pudo decirle nada por la emoción. Harry se levantó y miró con orgullo como todo el comedor estallaba en aplausos y vítores. Los dos Potter y Rose incluso se levantaron y aplaudieron con más fuerza que los demás.
—¡Bien hecho, tío! —gritó Rose olvidándose de los modales.
James, Albus y Rose fueron los últimos en aplaudir y cuando terminaron, McGonagall sonrió ampliamente, mientras Harry se sentaba y Ginny lo abrazaba del cuello.
—El profesor Flitwick, un mago ya anciano, decidió tomarse unas vacaciones, por lo que este año no lo veremos por aquí. Pero estoy más que orgullosa de decir que su puesto lo ocupará una ex alumna excepcional. La bruja más inteligente de su edad, la han calificado muchos profesores de Hogwarts. Démosle la bienvenida a la señora Hermione Granger, que ha accedido a impartir la clase de Encantamientos este curso.
Una vez más el comedor se llenó de aplausos y los sobrinos de Hermione y su hija se volvieron a poner de pie y le aplaudían con mucha fuerza, igual que a Harry. Hermione, que también se había puesto de pie y estaba sentada al lado de Harry, se sentó y miró con nerviosismo al pelirrojo que estaba junto a ella.
—¡Bravo, mamá! —bramó con felicidad Rose, una vez más.
—¡Mira! —dijo James a Rose— ¡Allí está tu padre! —y era cierto. Al lado de Hermione estaba Ron, el padre de Rose.
Intuyendo que tal vez McGonagall, daría más noticias sorprendentes al inicio del curso, los Potter y Rose se quedaron de pie, esperando con ansias la otra noticia que McGonagall daría.
—Madame Hooch —continuó McGonagall— también ha decidido darse un descanso, pero su sucesor es tan bueno como ella. Alumnos y alumnas, démosle un caluroso aplauso al señor Ronald Weasley, quien ha aceptado dar Clases de Vuelo este año.
Otra vez el Gran Comedor estalló en aplausos y los familiares de Ron le aplaudían con mucho ahínco.
Cuando el comedor volvió a quedar en silencio, McGonagall siguió hablando:
—Por último, entre las actividades que están planeadas para este año, están el club de Duelos. Hace mucho tiempo empezamos a organizar estos clubes, pero no tuvieron gran éxito. Ahora, pensando en que ustedes refuercen sus conocimientos en Defensa, hemos retomado la idea de estos clubes y estoy contenta de anunciar que la instructora de esta materia será la señora Ginny Weasley, una ex alumna memorable de Hogwarts.
Por última vez, el Gran Comedor se llenó de aplausos. Al fin los Potter y Rose se sentaron y notaron que estaban muy hambrientos.
—Bueno, creo que ya he dicho todo lo importante, así que… ¡que comience el banquete!
Los platos se llenaron de comida y las fuentes doradas que había en las mesas también, mientras que las copas se llenaron de jugo de uva, jugo de calabaza y jugo de naranja al azar.
James, Albus y Rose sintieron mucho orgullo por sus padres. Sabían que eran magos experimentados y que les habían enseñado ellos muchas cosas, pero nunca se imaginaron que fueran a ser todos profesores. ¿Pero habría una razón oculta bajo aquellos nombramientos?, después de todo, los padres de James y Albus y los de Rose habían pertenecido a la Orden del Fénix y la Orden estaría en Hogwarts vigilándolos. Seguro que había algo raro.
James se separó un poco y habló con un grupo de amigos que tenía junto, Rose lo imitó y Albus dirigió la vista hacia la mesa de Ravenclaw. Daria también estaba sola y, para su sorpresa, lo miraba fijamente, con una sonrisa en la cara. A Albus le empezaba a gustar la presencia de Daria y mucho más que compartiera el curso junto con él.
Pero entonces Daria fue llamada por algunas chicas de quinto y empezó a platicar con ellas. Algo apesadumbrado, Albus dirigió la vista a la mesa de profesores. Sus padres y sus tíos hablaban amenamente entre ellos. La profesora McGonagall hablaba con uno de los magos de la Orden del Fénix al que Albus reconoció como Dedalus Diggle (su padre se lo había presentado años atrás) y el profesor Longbottom, el de Herbología, hablaba con un profesor delgado, pálido, de pelo negro azabache, de nariz tan ganchuda que sus orificios estaban rasgados hacia arriba, como dos rajas y con anteojos cuadrados.
Entonces sintió un codazo en las costillas. Rose lo había golpeado y miraba a la mesa de profesores.
—Ese es el profesor Ryddle —le susurró—. Es el de Pociones y Jefe de la Casa Slytherin.
Albus sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aquel hombre parecía tan espeluznante que no había duda que no sería nada amistoso, a pesar de lo que Rose le había dicho sobre él.
De repente aparecieron los postres, los más variados que un niño pudiera imaginar. Un chico rubio se entrometió ente los Potter y se sirvió un poco de tarta de fresa, cuando se iba dio un codazo a Albus.
—Lo siento —se disculpó el muchacho.
—No importa —dijo Albus.
El muchacho rubio, para sorpresa de Albus, se hizo de un espacio junto a él y se sentó.
—Jonathan Masbecth —se presentó el rubio—. Honorablemente un Gryffindor —dijo solemnemente.
—Albus Severus —dijo Albus.
Jonathan sonrió y, mientras comía un buen trozo de su tarta, sonrió.
—Sí, un Potter —dijo con un dejo de envidia en su voz—. Dime, ¿en verdad es Harry Potter, el maestro de Defensa Contra las Artes Oscuras, tu padre?
—Así es —respondió Albus, orgulloso.
—Vaya —dijo Jonathan—. A mí me gustaría que mis padres hubieran hecho tantas cosas buenas.
Por alguna razón, Albus notó en la voz de Jonathan un enrome dejo de tristeza y decepción.
—¿Por qué? ¿Dónde están tus padres?
Jonathan torció la boca y se llevó otro trozo de tarta a la boca.
—Fueron una vez de esos magos seguidores de…Quien-tú-sabes. Mortífagos. Están en prisión —dijo simplemente—. No eran muy conocidos en la época de tus padres, pero las cosas que hicieron fueron horribles. No me siento muy orgulloso de haber sido hijo de esa clase de magos. Ahora me cuidan mi tío y mi tía: ellos nunca estuvieron de acuerdo con los ideales de mis padres y de Quien-tú-sabes. Gracias a Dios me eligieron para Gryffindor y no para Slytherin.
Por un momento, Albus se sintió vinculado con el chico, respecto a lo de las casas.
—Sí —dijo—, yo también agradezco que no resultara ser un Slytherin —desvió su mirada a la mesa de Slytherin, donde Scorpius Malfoy y su grupo de amigos hablaban socarronamente.
Súbitamente los postres desaparecieron, y McGonagall se volvió a poner de pie. Todo el salón se volvió a sumir en silencio.
—Ejem… unos cuantos avisos más —anunció—. Como les dije, la Orden del Fénix estará vigilándolos a diario. Estarán apostados en todo el castillo y si necesitan ir a algún lugar de emergencia, por favor comuníquenselo a los magos y brujas miembros de la Orden. Los reconocerán por el fénix impreso en sus túnicas.
»Las pruebas de quidditch tendrán lugar dentro de dos semanas. Los que estén interesados en alistarse para jugar en el equipo de sus casa, por favor comuníquenselo al profesor Weasley.
»Los clubes de duelo se abren dentro de tres semanas. Los que estén interesados, por favor, pasen con la profesora Weasley —se quedó en silencio un rato y recorrió con sus ojos todo el Comedor— Además, por su seguridad, este año en muy pocas ocasiones tendrán permiso para nadar en el lago o estar en las zonas aledañas al castillo. Habrá una especie de campo de fuerza alrededor del castillo. Les suplico a ustedes alumnos y a los profesores no romper esta regla. Como ya les dije, el bosque sólo esta a la mano para las prácticas de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Para sorpresa de todos, una mano estaba levantada y se agitaba, tratando de captar la atención de la profesora McGonagall.
—¡Profesora! —exclamó Rose. Su madre, Hermione estaba notablemente desconcertada por el comportamiento de su hija—. Si se puede saber, ¿por qué habrá un campo de fuerza alrededor del castillo?
La pregunta no solo captó la atención de la profesora McGonagall, sino también de la gran parte de los profesores y alumnos. Sin embargo, McGonagall no fue la que respondió, sino el profesor de Pociones, que se había levantado. Su larguísima túnica verde sorprendió incluso a la profesora McGonagall.
—Señorita —dijo con un tono gélido—, ese asunto es sólo de incumbencia para los profesores y los aurores de la Orden del Fénix, aquí presentes. No creería conveniente que los alumnos lo supieran ni mucho menos que por su curiosidad, tan pronto, hiciera perder puntos a su casa.
Rose se quedó helada. Bajó la mano y agachó la cabeza. El profesor de Pociones torció la boca y se sentó solemnemente. La profesora McGonagall miró al profesor con aprobación y después miró de nuevo a los alumnos.
—Bueno, dicho esto, ¡a la cama!
Los de primer año siguieron a un chico alto de pelo marrón, el prefecto de Gryffindor y salieron a través de grupos bulliciosos. Albus se despidió de su hermano y de su prima y siguió al grupo de primero.
El prefecto los llevó por diferentes pasillos tapizados de retratos de famosos magos, caballeros chiflados y sirenas que danzaban bajo el agua. El sueño y el cansancio empezaban a dominar a Albus. Y no sólo a él; en general a todos los de primer año.
Entonces, tal vez en un primer momento fue producto de la imaginación de Albus, pero cuando el hombrecito con ojos oscuros y boca ancha se posó sobre ellos, supo que no era su imaginación.
—¡Oh! —dijo malignamente—. ¡Pero si son los de primer año! ¡Qué divertido!
El grupo se detuvo súbitamente. El prefecto levantó la cabeza y miró a Peeves con severidad.
—Basta, Peeves —le dijo al hombrecillo—, o iré por el Barón Sanguinario.
Peeves se dirigió flotando hasta el prefecto y se le puso en frente.
—Ah, ¿sí? —le dijo socarronamente.
Entonces de la pared salieron dos figuras fantasmales. Uno de ellos era un fantasma vestido de caballero, un poco anciano y llevaba una gola. Albus lo reconoció al instante: era Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor. El otro fantasma era horrible y vestía ropas aristocráticas llenas de sangre: el Barón Sanguinario.
—Allí lo tienes, Peeves —se burló el prefecto.
Peeves miró con horror que, aunque no lo había visto, el Barón se acercaba peligrosamente. El poltergeist hizo sonar su lengua y desapareció.
—Cuidado con Peeves —dijo el prefecto mientras reanudaban su recorrido—. El fantasma de Slytherin es el único que pude controlarlo. ¡Qué tal Barón, sir Nicholas! —los dos fantasmas bajaron la vista y saludaron a los alumnos.
—Nuevos Gryffindors —exclamó Nick Casi Decapitado—. ¡Un gusto!
El Barón inclinó la cabeza y juntos, desaparecieron tras la otra pared.
—Si necesitan que alguien calme a Peeves, llamen al Barón, por favor. Aunque algunos profesores ya experimentados también pueden ayudarlos. Ya llegamos.
Se detuvieron frente al retrato de la Señora Gorda. La mujer se movió y cuestionó:
—¿Contraseña?
—Draco dormiens nunquam titillandus —dijo el prefecto, y el retrato se balanceó y dejó ver un agujero, como una puerta. Todos se amontonaron para pasar y se encontraron con la sala común de Gryffindor. El prefecto dio unas últimas instrucciones y deseó buenas noches a los de primero. Los chicos subieron por unas escaleras de caracol y llegaron a los dormitorios.
Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en sus camas.
—Una comida increíble, ¿no lo crees, Albus? —murmuró Jonathan a Albus, a través de las cortinas.
Sonriente, y con una sensación reconfortable, Albus se dio la vuelta y se quedó profundamente dormido.
—Cierren todo, por favor.
La profesora McGonagall andaba de un lado a otro, asegurándose de que nadie más que ellos, estaba allí. El Gran Comedor lucía mucho más grande y amplio solo que con los alumnos. Harry nunca antes lo había visto así. Solo.
Aunque varios profesores hablaban entre ellos y los miembros de la Orden expresaban su felicidad por ver a Harry de nuevo, la profesora McGonagall seguía preocupada y se asomaba a cada rato. No podían correr el riesgo de que algún alumno los viera a esas horas.
Cuando los magos y brujas de la Orden saludaron a Harry, Ginny, Ron y Hermione (Neville se mostró muy contento y Luna, igualmente), el profesor de Pociones se acercó y se presentó ante ellos.
Cuando llegó a Harry y éste lo tuvo en frente, sintió un escalofrío en la espalda. Era alto y sumamente delgado, al punto de llegar a ser esquelético. Su cabello era castaño y estaba peinado de lado; tenía la piel muy pálida, casi blanca, fantasmagórica y había cicatrices en su rostro, junto con las marcas de una antigua belleza. Los ojos oscuros del profesor miraron a Harry fijamente a los suyos, asomándose detrás de unas gafas rectangulares de montura gruesa y negra; tenía el gesto severo. Su nariz estaba algo aplastada y sus orificios nasales estaban un poco alargados y muy estrechos, parecía la nariz de una serpiente. Aunque los ojos del hombre eran cafés, el iris tenía un tono rosado y casi rojizo. Sus pupilas eran alargadas y delgadas, como las de un gato. A Harry se le erizaron los cabellos de la nuca: el profesor que estaba frente a él le recordaba a alguien, a alguien muy malo…Lord Voldemort.
—Así que tú eres el famoso Harry Potter —le dijo fríamente, mientras le extendía una mano huesuda— Tom…Gaunt, profesor de Pociones y miembro de la Orden del Fénix.
Harry estrechó la mano del profesor Tom y siguió mirando fijamente los ojos medio cafés medio rojos de Tom. Súbitamente Tom tiró de Harry y le apartó un mechón de pelo negro y miró atentamente la cicatriz.
—Ah, sí. Tu cicatriz es la marca que te hace especial, Harry Potter. Es tan famosa como el mago que te la hizo…
Harry sintió una oleada de intenso odio. Hacía mucho tiempo que nadie le mencionaba a Voldemort y no quería amargarse la nueva etapa de su vida pensando en él.
—Si te refieres a Voldemort —dijo Harry fríamente—, él fue tan solo un asesino y un mago mediocre. No debería merecerse que alguien le dijera que es «famoso».
Tom alzó una ceja y sonrió a Harry, al tiempo que lo soltaba.
—Vaya, Harry. Debes ser muy valiente para decir su nombre —le dijo con un tono medio burlón y medio honesto. Súbitamente, la expresión de su rostro y su semblante cambiaron por completo—. Aunque debo reconocer que lo que dices es cierto: Voldemort no fue un gran mago que digamos.
Había un dejo de rencor y, si Harry no se engañaba, tristeza, en la voz de Tom.
Entonces llegó la profesora McGonagall y se puso a un lado de ellos.
—¡Vaya! —exclamó—. Veo que ya se conocen. Espero que haya una buena relación entre todos nosotros este año.
—Sí —dijo Tom—, yo también lo espero.
McGonagall lo miró y sonrió.
—Si no les importa, me gustaría que ya salieran al patio. Recuerden: el encantamiento que usaremos se llama Protego Maxime y deben decirlo fuertemente.
—Profesora —intervino Harry—, me gustaría saber…
—Ya se les explicará, Harry. Ahora no —fue lo único que dijo y, acto seguido, se dirigió a los demás profesores y magos, diciéndoles lo mismo que ha ellos les había dicho.
Tom volvió a mirar a Harry.
—Vamos, pues —le dijo cordialmente.
Harry asintió, siguió a Tom y salieron, seguidos de los demás, al patio donde estaba la fuente.
Cuando todos estaban fuera, la profesora McGonagall les indicó sus lugares.
—Recuerden el hechizo —dijo en voz alta—: Protego Maxime. A la cuenta de tres levanten las varitas y exclamen el hechizo.
Todos intercambiaron miradas y desenfundaron sus varitas y apuntaron al cielo.
—Uno…dos… ¡TRES!
—¡PROTEGO MAXIME! —exclamaron al unísono todas las voces.
De las puntas de las varitas salieron chorros de luz plateada y subieron muy alto (tan alto que Harry pudo apostar que ya habían pasado la Torre del Reloj). Cuando alcanzaron la máxima altura explotaron como fuegos artificiales y una especie de burbuja salió de ellos y rodeó todo el castillo, incluida gran parte del lago y del bosque.
Cuando se aseguraron de que la burbuja protectora había rodeado todas las partes del castillo, los magos y brujas bajaron las varitas y las guardaron.
—Confío en que se encarguen de que ningún alumno traspase esta burbuja y desobedezca las órdenes que acabo de indicar. Bueno, hecho esto… ¡buenas noches!
Sin siquiera charlar o comentar algo, los magos y brujas ya cansados se dirigieron a sus respectivos dormitorios. El de Harry y Ginny estaba en una torre alta, en la sección sur del castillo. Era de estilo Luis XVI y había pinturas de magos famosos de los que Harry no tenía idea que existieran. Se pusieron los pijamas y demasiado cansados para charlar en voz baja, Harry y Ginny se quedaron dormidos.
Jeje, adoro a harry y a ginny, xD. Es mi pareja favorita

No me lo creo! Otra pelirroja conquisto a un potter!
Primero lily, luego ginny y ahora daria! Que bonito
Por que demonios tanta proteccion??
Buen cap!!!
PD: Tengo en mi mente una imagen de pelea rose/scorpius y la cara de Ron, jajaja.
Love
Ginny
hey como q se te olvido el capitulo del domingo??? o no vas a seguir con la historia… me parecia interesante
Hola!”!”!
Volvi este capitulo me gusto.-.-.-. me agrada mucho-.-.- Tom hijo sera tan bueno komo kreia Dumbledore?¿?
En fin..
Me voy al otro capitulo-.-.-.-.
Bye