Aquel gato no se había movido en todo el día. La verdad no se había movido hasta esa hora, la medianoche.
Sus ojos amarillos estaban fijos en la calle desierta del pueblo de Hogsmeade, que tenía algunos montículos de nieve. Al fondo de la calle se podía ver la silueta de la Casa de los Gritos. La historia verdadera de aquel lugar (la verdadera razón de dónde provenían los gritos y aullidos) le pasó por la cabeza al gato y le hizo reír, aunque su risa se oyó sólo como un
Un hombre apareció súbita y silenciosamente en la calle. La cola del gato se agitó y sus se entornaron. maullido. Entonces oyó pasos y el gato giró su cabeza hacia la esquina que tenía enfrente.
Era un hombre alto, delgado y muy anciano; tenía una barba y un pelo plateados y tan largos que bien los podía haber sujetado con su cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color rojo escarlata con adornos dorados y botas con tacón alto y hebillas. Los ojos, de un azul claro y brillantes, centellaban detrás de unas gafas de cristal de media luna. Estaba tocado con un sombrero puntiagudo de color rojo también. Tenía una nariz muy larga y torcida. Albus Dumbledore era el nombre del individuo.
Albus Dumbledore recorrió con la vista la calle principal de Hogsmeade y entonces se detuvo en el gato, que lo miraba fijamente con sus amarillentos ojos. Esbozó una sonrisa y devolvió al gato la mirada fija.
—Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.
Súbitamente, en el lugar donde había estado el gato ahora estaba una mujer de aspecto severo que llevaba unas gafas de montura cuadrada. La mujer vestía una capa de color azul marino. También estaba tocada con un sombrero puntiagudo, salvo que este era de color negro. Tenía torcida la fina boca, en señal de disgusto.
—¿Debo suponer que se dio cuanta de que era yo porque nunca antes había visto a un gato tan tieso, profesor Dumbledore? —preguntó la mujer.
Para sorpresa de McGonagall, Dumbledore negó con la cabeza.
—No, mi querida profesora —respondió Dumbledore dulcemente—. No olvido la nota que le envié hace unos días. Donde le decía que nos veríamos aquí.
La profesora McGonagall torció aún más la boca, pero miró a Dumbledore con apacibilidad. Entonces, mientras alcanzaba a Dumbledore, que ya había empezado a caminar por la calle, recordó el motivo por el que había estado allí todo el santo día.
—¿Son ciertos los rumores, Albus? —le preguntó en voz baja a Dumbledore, como si temiera que alguien más la oyera.
—Me temo que sí, profesora —respondió Dumbledore—. Tanto los buenos como los malos.
—¿Entonces es cierto que ese niño es…pues…el hijo de Ya-sabe-quién? —volvió a susurrar la profesora.
—Sí —dijo simplemente Dumbledore.
La profesora McGonagall tragó saliva y miró con temor a Dumbledore. Le parecía una locura lo que estaban a punto de hacer. ¡Rescatar a un niño tan peligroso! Aunque el Señor Tenebroso había desaparecido gracias al joven Harry Potter, cualquier vestigio de él en la tierra podía significar un claro peligro. Y no le cabía en la cabeza como Dumbledore quería ayudar a ese niño.
—Pero…
Dumbledore levantó una mano y la silenció.
—Mi estimada profesora, sé bien lo que estoy haciendo —le dijo.
La profesora McGonagall negó levemente con la cabeza. No se lo podía creer…no se lo quería creer. Rescatar al hijo de lord Voldemort: ¡¡qué locura!!
—Pero, debe comprender que sería un riesgo salvar al chico. ¡Es su hijo! ¿Sabe lo que pasaría si ese niño decide seguir los pasos de su infame padre? Habría mas muertes y la Orden Tenebrosa que acaba de desaparecer resurgiría de nuevo y más poderosa que antes. ¡Tendrían al hijo de Voldemort, señor!
Pero Dumbledore no parecía compartir su temor ni sus sentimientos hacia el niño, por el contrario, estaba tranquilo y sin temor alguno.
—Bueno, si usted lo dice —dijo la profesora McGonagall con un dejo de desasosiego en su voz. Después, miró a Dumbledore con extrañeza. Una duda le estaba apretujando la cabeza y eso la preocupaba aún más:
—Albus, ¿es cierto que Voldemort se enredó con una elfina, que de hay viene su hijo?
Dumbledore se detuvo en seco y miró severamente a la profesora.
—Parece que sí, profesora —respondió, confirmando así los temores de McGonagall. Ésta se quedó boquiabierta y con los ojos como platos.
Cuando por fin reaccionó su voz denotaba preocupación, sorpresa y temor.
—Pero… si Voldemort es famoso por no saber amar. Voldemort no ama —afirmó la profesora—. ¿Cómo pudo…?
Dumbledore sonrió levemente y la volvió a callar con un movimiento de su mano.
—En eso, Minerva, todos hemos discrepado —dijo con calma—. Es Lord Voldemort el que no puede amar, pero su anterior personalidad, el joven Tom Ryddle sí pudo. Y lo hizo una vez…sólo una —entonces su voz se apagó y la profesora se impresionó aún más.
—Pero, ¡¿cuándo, cómo?! —exclamó la profesora, exasperada.
—Durante sus años de estudiante, profesora —respondió Dumbledore—. Cuando el joven Ryddle salió a dar un pequeño «paseo». Le contaré su historia: todo comenzó, como le dije, en una de sus visitas al bosque prohibido. Un buen día encontró a la antigua tribu de los Altos Elfos y vio por primera vez a la hija del Gran Patriarca Gamlo, Sayra, una hermosa elfina a la que yo conocí también.
»Bueno, el muchacho quedó impresionado al ver a Sayra. Incluso yo me quedé estupefacto cuando la vi. Era muy hermosa. En fin, Tom se enamoró de ella perdidamente y…pues…al poco tiempo ella quedó…embarazada de él.
La profesora McGonagall ahogó un grito y se llevó una mano a la boca, pero el profesor Dumbledore, ocupado en acariciar su barba suavemente, pareció no darse cuenta.
—Pasaron los nueve meses —continuó Dumbledore— y entonces, convertido ya en Voldemort, Tom se enteró de la existencia de su hijo y regresó al Bosque para verlo. Y sí, lo encontró. Era muy parecido a Sayra, o por lo menos en esos momentos. Contento, pero a la vez preocupado porque no veía a Sayra por ninguna parte, preguntó por ella. Un Gamlo más viejo y más cansado fue el responsable de darle la triste noticia: Sayra había muerto al dar luz a su hijo. Voldemort, triste y enfadado se llevó a su hijo y, según sé, comenzó a adiestrarlo en las Artes Oscuras.
—¿A adiestrarlo en las Artes Tenebrosas?, pero, ¿por qué? —Preguntó la profesora McGonagall extrañada—, con qué propósito.
—No lo sé, o más bien, no lo supe hasta que me reuní con Sybill un día después de la contraté como profesora de Adivinación. Una vez más Sybill se comportó extraña y cuando intentaba saber la razón, me dijo la profecía como me había dicho la de Harry Potter. Recuerdo las exactas palabras: «El hijo del Señor Tenebroso ha nacido ya…y es el único con poder para controlarlo. El hijo del Señor de las Tinieblas ha llegado ya y ambos, padre e hijo, un Juramento Inquebrantable han sellado: si alguno de los dos llega a faltar el otro tomará su lugar. Esto es, si el padre llega a destruirse, el hijo deberá tomar su lugar y viceversa…el hijo del Señor Oscuro ha nacido ya y ambos, padre e hijo…un Juramento Inquebrantable han sellado ya…» —recitó Dumbledore.
Una vez más, la profesora McGonagall ahogó un grito.
—Así que Trelawney volvió a hacer una auténtica profecía —dijo en voz baja.
—Así es, Minerva —dijo Dumbledore—. Y esto no acaba allí. Pasada una media hora, Sybill volvió a hacer uso de su clarividencia: «El hijo del Oscuro Señor ya ha nacido y entre el bien y el mal se debate. El Juramento, finalmente, puede quebrarse, si el hijo abandona a su padre y al Elegido va a ayudar. Pero si ese es el camino que escoge, entonces, al final, el terrible castigo que le espera debe cumplir y ese es dejar de existir…» —volvió a recitar Dumbledore.
»Entonces, pasados varios años, mientras yo seguía buscando la pista del hijo de Voldemort, un muchacho de unos trece años apareció en Hogwarts y preguntó por mí. Después de decirme quién era y de dónde venía, no me cabía la menor duda de que estaba hablando con el niño que yo andaba buscando.
—¿Cómo lo supo, profesor? —inquirió la profesora McGonagall.
—Muy fácil. Y no necesariamente porque él me lo haya dicho, sino por que era muy parecido a Tom. Tenía el mismo pelo negro y era igual de alto y delgado. Me atrevería a decir que también, en su rostro, había facciones de Voldemort. Sus ojos eran algo rojos y sus pupilas como las de un gato; su nariz era algo aplastada, sólo un poco, y los orificios nasales estaban rasgados hacia arriba, como la nariz de una serpiente. Incluso su voz era casi igual: fría…sin nada de humano. Me contó todo: que él era quien yo buscaba, que era el hijo de Voldemort, que, incluso, tenía la Marca en el brazo y me la mostró.
—¿La Marca? —Lo interrumpió la profesora McGonagall— ¿La Marca Tenebrosa?
—Así es, profesora —respondió Dumbledore—. La tenía en el antebrazo izquierdo, como los mortífagos. Bueno, después de revelarme quién era, el joven me contó que había escapado de su padre y lo había abandonado. Entonces recordé la profecía de Sybill. El Juramento al fin se rompería si el hijo abandonaba al padre. Y eso era justamente lo que Tom, el hijo de Voldemort, había hecho. Me dijo que ciertas personas habían llegado a hablar con su padre y le dijeron algo que a Tom no le agradó y que le causó mucho temor. Así que supo de mi existencia y de dónde me encontraba y me buscó, hasta encontrarme.
—¿Cómo supo el chico dónde estaba exactamente?
—Mi querida Minerva, el hijo de Tom Ryddle heredó muchas de sus habilidades. Robó la varita de uno de los amigos de su padre y se reunió con uno de ellos. Hizo uso de la Legeremancia para saberlo, algo muy avanzado para un muchacho de su edad. El caso es que me dijo que él no quería regresar con su padre y me dijo que él sabía acerca de las profecías y que buscaría al supuesto Elegido y lo ayudaría. Pero antes de que yo pudiera decirle algo, me lanzó el hechizo Fidelio y me hizo jurara que lo ayudaría, que lo protegería y que no diría a nadie de ese encuentro.
—Pero me lo está contando —repuso la profesora McGonagall—. ¿No es eso romper su palabra?
—Sí —respondió simplemente Dumbledore—. Pero le dije que yo no podría cargar solo con esa tarea y le dije quienes eran de mi más entra confianza. Entonces me dijo que si yo les contaba la historia a esas personas, el hechizo Fidelio los dominaría a ellos también. Toda la Orden del Fénix lo sabe y el hechizo ahora tiene una mayor efectividad.
—Pero, ¿qué pasó con el muchacho?
—¡Ah, sí! Verá, después de que hicimos ese pacto, el muchacho se fue y no supe nada más de él. Yo me debatía sobre qué cosas le enseñaría: qué le diría, que no le diría, que le mostraba, que no. Y entonces me enteré de que una avalancha había caído en las montañas más altas de Hogsmeade —Dumbledore señaló las montañas que estaban a un lado de ellos— y de que había sólo una víctima, un niño. Tom.
La profesora McGonagall, volvió a llevarse la mano a la boca.
—Pero…esa avalancha salió en las noticias hace tan sólo anteayer. Y usted me ha dicho…
—Le dije que me he estado debatiendo entre qué decirle a Tom y que no. Pero ese debate ya me ha llevado cuatro años, profesora. Pero ahora me he decidido y ya estoy listo para llevar a cabo la tarea que Tom me encomendó.
—Pero, si en la avalancha sólo hay una víctima y es el hijo de Voldemort y usted me ha dicho que ya sabe qué decirle, ¿cómo es que el chico pueda seguir vivo? —preguntó la profesora McGonagall.
—Mientras todos buscaban el cuerpo, Hagrid también estaba allí y encontró a un muchacho oculto en una caverna de una montaña. En cuanto se lo llevó a un lugar seguro, en Hogsmeade, me contactó y me dijo que había encontrado a un niño de diecisiete años con una extraña cicatriz en el antebrazo izquierdo: la Marca.
—¿Cómo sabe que es la marca, Dumbledore? —preguntó la profesora McGonagall.
—Profesora, en las montañas de Hogsmeade no hay piedras filosas y, además, el corte es muy exacto y ubicado en el preciso lugar donde yo he visto la Marca. No me cupo duda alguna —respondió Dumbledore.
—Me imagino que le ha encomendado la tarea de traer al niño a Hagrid, ¿verdad, Albus?
—Así es, Minerva —fue la respuesta de Dumbledore—. Se lo dije una vez y se lo diré de nuevo: a Hagrid le confiaría mi vida. Sí señor.
—No es la primera vez que le dice que rescate a un niño. ¿Y si comete un error? —Obviamente, la idea de que Rubeus Hagrid trajera al niño le aterraba a la profesora—. No es que no sea una buena persona —se excusó la profesora cuando Dumbledore, por primera vez, la miró severamente—, pero es muy descuidado. Yo no dudaría que, como hizo con Harry Potter, viniera en la…
Pero entonces ocurrió lo que la profesora tanto temía. Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba a ella y a Dumbledore. Se fue haciendo más fuerte mientras, tanto ella como el anciano mago, miraban hacia el cielo. El ruido aumentó hasta convertirse en un rugido y entonces una pesada motocicleta cayó del aire y aterrizó justo frente a ellos.
—…motocicleta de Sirius Black —terminó la profesora, viendo con horror la moto y al gigante que iba montado en ella. Era un hombre inmenso con un cabello negro y revuelto y una barba le cubría casi toda la cara. En sus enormes y musculosos brazos sostenía un bulto de mantas muy largo. La profesora McGonagall pudo delinear con la mirada la silueta de una persona larga envuelto en ellas.
—Gracias al cielo, Hagrid —dijo aliviado el profesor Dumbledore—. Me supuse que Sirius no se negaría a prestártela de nuevo —dijo, refiriéndose a la reluciente moto.
—Así es, señor —respondió Hagrid.
—¿No ha habido problemas, verdad?
—No, señor. Tuve que inventarme un cuento para sacar a Tom de la clínica de Hogsmeade. Fue algo difícil pero, helo aquí.
Hagrid extendió un poco sus brazos y Dumbledore y la profesora McGonagall se inclinaron sobre las mantas. A diferencia de la primera vez que vieron a un niño rescatado por Hagrid, ese muchacho no tenía comparación. Era pálido y muy delgado a juzgar por lo hundido que tenía las mejillas. Su nariz estaba muy poco aplastada y sus orificios nasales rasgados hacia arriba y muy delgados, como si fuera una serpiente. El muchacho estaba profundamente dormido. Un brazo sumamente delgado resbaló y se quedó colgando en el aire. Dumbledore lo tomó y le levantó la manga del suéter que vestía el chico. Debajo de ella pudieron ver una cicatriz larga y delgada que recorría todo el antebrazo. Dumbledore sacó su varita y puso la punta de ésta en la cicatriz. Súbitamente la cicatriz desapareció y en su lugar apareció una especie de tatuaje negro en forma de una calavera de cuya boca salía una serpiente.
—La Marca —susurró la profesora McGonagall— ¿es allí…?
—Sí —respondió Dumbledore.
Entonces tomó de nuevo el brazo de Tom y lo envolvió de nuevo en las mantas. Entonces Hagrid, la profesora McGonagall y él reanudaron su caminar.
—Y…pues… ¿qué va hacer, profesor? —preguntó la profesora McGonagall.
—Ya se lo he dicho, profesora —dijo Dumbledore—. Estoy listo para decirle lo que tengo que decirle a Tom. Lo entrenaremos en todo: Artes oscuras, Artes Blancas, magia antigua, magia moderna, Transformaciones, Legeremancia, Oclumancia, Adivinación; todo. Lo acogeremos y le daremos el cariño que, seguramente, Voldemort no le dio en su momento.
—Pero, Albus —susurró la profesora McGonagall—. Ya se lo dije: tener a ese chico con nosotros sería un gran riesgo.
—Y yo también se lo he dicho, querida profesora —repuso Dumbledore—. Este chico no será malo si él se lo propone. Lo dice la profecía de Sybill. Desde este momento el chico ha roto el Juramento. Por eso lo acogeremos y le daremos todo lo que le falta: amor, cariño, una familia…lo que sea necesario para que este muchacho olvide las profecías y elija el camino correcto.
—Pues…si usted lo dice —dijo la profesora McGonagall.
Hagrid miró con una mezcla de ternura y temor al muchacho que tenía en los brazos.
—Profesor Dumbledore, ¿dónde vivirá Tom? —preguntó.
—Es cierto, Hagrid, debemos buscarle un hogar. No puede estar en Hogsmeade todo el tiempo —dijo Dumbledore pensativamente.
—Hagrid —dijo de pronto la profesora McGonagall—, ¿puede vivir en tu cabaña?
Hagrid se volvió hacia ella y la miró.
—Me encantaría —un dejo de temor se oía en su voz—, pero ya hay demasiadas cosas en ella y el niño no cabría.
La profesora chasqueó la lengua y luego miró a Dumbledore.
—Profesor, ¿y si lo regresamos a los Altos Elfos? Tal vez ellos le enseñen mejor que nosotros. Quizá…
Pero Dumbledore, una vez más, la calló educadamente.
—Profesora, los Altos Elfos ya casi están extintos. Ya no quedan muchos en la Tierra. Y aunque existieran algunos, tanto Gamlo como Sayra han muerto y nadie recuerda al hijo de Voldemort allí. Además, ya le dije que el encantamiento Fidelio esta sobre nosotros…Sí, Hagrid, también sobre ti… y nosotros tenemos la responsabilidad de ayudar a Tom —entornó sus ojos azules claros al muchacho que yacía dormido en los brazos de Hagrid y lo miró casi con ternura—. Este muchacho será famoso, aunque en mucha menor medida que Harry Potter —entonces volvió a mirar a la profesora—. Respecto al hogar del muchacho: vivirá en Hogwarts.
—¡¿Qué?! —exclamó la profesora McGonagall.
—Sí, Minerva, vivirá en Hogwarts.
—Dumbledore, eso ya es una locura. Mire que responsabilizarnos de él ya es algo. ¡¡Ahora tenerlo entre nosotros!! ¡¿Sabe el peligro que significa eso?!
—Ya le dije que no hay peligro alguno si nosotros nos encargamos bien del muchacho. Además yo no veo ningún inconveniente en dejarlo vivir allí. Estudiará como los demás alumnos de Hogwarts.
—Pero…tiene diecisiete años. ¿Cómo sabemos que no sabe nada? ¿Cómo va a estudiar el último curso sin siquiera saber lo fundamental de los otros seis? —la profesora McGonagall estaba visiblemente nerviosa, temerosa y preocupada.
—Profesora, ¿cómo le he dicho que él me localizó?, ¿cómo explica que haya conjurado el encantamiento Fidelio sobre todos nosotros?, ¿cómo se explica que haya sobrevivido a la avalancha? Le dije que él heredó muchas de las cualidades de su padre y, ¿por qué no?, también algunos de sus defectos. Este muchacho es especial, y no sólo porque una clarividente haya hecho dos profecías sobre él, no. Él es especial por saber tanta magia, tanto blanca como oscura. Él será mucho más especial cuando la gente sepa que él, indeciso entre si elegir el bien o el mal, escogió el camino del bien y escapó del mal. Será especial cuando su historia se sepa y se refieran a él como: «El niño que huyó del mal», como «El niño que huyó»…
Siete años más tarde, un Tom Sorvolo Ryddle hijo de veinticuatro años observaba ese recuerdo en el pensadero que una vez perteneció al hombre que una vez consideró su padre: Albus Dumbledore. Ahora lo entendía todo mejor. Ahora sabía más a ciencia cierta su trabajo al lado de Harry Potter, el Elegido, porque, aunque acababa de destruir a lord Voldemort, Tom sabía que siempre encontraba la manera de regresar y sabía que tarde o temprano, lord Voldemort regresaría y cobraría su venganza.
Y diecinueve años más tarde, con treinta y nueve años de edad, Tom Ryddle estaba ansioso de empezar el nuevo curso en Hogwarts. No como alumno, sino como profesor. Y ansiaba sobretodo, conocer a la persona a la que estaba destinado a ayudar: Harry Potter, «El niño que vivió»… Pero, ¿y si no regresaba? No. Tendría que volver. Su hijo mayor era el mejor estudiante de Pociones y su hijo mediano ingresaría al primer año. Además McGonagall pretendía reunir a toda la Orden del Fénix por protección a la escuela. Potter no rechazaría la oferta de ser el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras ese año. Así estaría más cerca de sus hijos.
Bueno esta muy parecido a la primera pelicula de harry jejeje cuando buscan a harry, pero igual la trama es buena porq tambien tiene del ultimo y vamos a ver como se llevan el hijo de lord voldemort y harry potter; y ver a harry adulto q bien bueno espero el siguiente capitulo y espero q no lo borres como el otro porq no pienso volver a leer jajajaj mentira.Bueno esta muy buena la history. Y te dije que le pongas mas decoracion a esto es muy palido jeje.
Totalmente de acuerdo con Yuneisy.Aprovecho para protestar enérgicamente por el cierre del anterior blog que “sí “iba bien y me gustaban los foros que apenas empezaban……..(Use discernimiento el lector).En cuanto a tu capítulo te diré que siempre es positivo todo este esfuerzo de escritura “PORQUE LAS IDEAS CONTINÚEN FOREVER” y así me queda la espera de que seas ,además, un gran escritor…a veces se empieza inspirándote en una historia ya creada y quién sabe si terminas famoso con tus propias ideas.Yo apoyaré siempre eso Ronald (Y más a tí que te conozco y te quiero) y tienes una lectora de lo que escribas en mí.(Oye es que la idea de un hijo “del mal” es original y me gusta).Ánimos!!!
Potty: Gracias por el comentario y el apoyo. Espero que te guste.
Yuneisy: No te preocupes, este si sera definitivo, el otro decidi eliminarlo porque lo escribi a finales de 2005 y no habia mucha informacion sobre Snape y sus padres, y en general su vida, y es obvio que desconocia lo que iba a ocurrir en Harry Potter y el Misterio del Principe y Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, por eso preferi publicsa este que lo escribi mas recientemente. Que bueno que te guste
PD: Los capitulos seran publicados los Jueves y Domingos.
Saludos
Waau esta bien fina la historia aunque no negaré que se parece un poco a el primer libro :p pero igual esta muy buena xD siempre habrán ideas mientras que no los propongamos xD
Suerte, saludos
ronal granger me gusta mucho tu fic solo que me confundi un poco porque empeze leyendo el segundo capitulo y luego este, entonces estoy confundido y si puedes aclararme estas dudas te lo agradeceria muchisimo
¿cuando salvan al hijo de voldemort a la edad de diecisiete años de la avalancha es el mismo año que harry entra en hogwarts?
y ¿cuando harry tiene 17 años y derrota a voldemort es el mismo año en que el hijo de voldemort de 24 años ve el pensadero?
bueno gracias
Horrocrux 7: Efectivamente, es el mismo año
Saludos y gracias por leer el fic.
Muy buen fanfic ronaldgranger!!!
Es un cap muy interesante, y el que sea la historia de Tom Riddle lo hace aun mas…
Una pregunta: Harry aqui conoce la existencia de el hijo d voldy?
Love
Ginny
Faby: Oh gracias por todo Faby, en cuanto a la pregunta te refieres a que si Harry conoce la historia de Tom (Hijo) en el primer capitulo o en la historia?
Antes de vencer a voldy, (en sus años de hogwarts) porque seguro lo conocera despues.
Love
Ginny
No, lo desconoce, pero ese dia de conocerlo llegara muy pronto, pues como puedes ver Tom esta decidido sea como sea a conocerlo
Saludos
WOW!”!!
mE GUSTO MUCHO EL INICIO…perdón por empezarlo a leer hasta ahora…
Si es verdad se parece mucho al inicio de HP1 pero no importa… simpre pense que Voldemort tuvo que haber tenido sexo almenos una vez…..
En fin… seguire leyendo tus capitulos..
Bye